Déjame Que Te Cuente…
May 17, 2008 by epepota
Definitivamente ésta es una de las 3 cosas buenas de hoy, pero decidí hacer un post de ello porque despierta en mí mucha ternura.
Mi abuela amaneció con un dolor tipo lumbago en la parte baja de su espalda, sólo le duele el lado izquierdo. Dice que siente unos pinchazos como si hubiese hecho un mal gesto, aunque insiste en que ha de ser la vejez, pues ha estado sintiendo esos mismos pinchazos desde hace días.
Es muy terca, como todas las abuelas, y dice que no quiere ir al médico. Mi madre le puso una pomada muscular esta mañana a ver si se le mejoraba, le dio una buena friega y mi abuela se tumbó un rato en la cama mientra se arropaba con una media cobija las piernas.
Esta mañana cuando me levanté, la ví salir llorando del baño y quejándose del dolor. Pasé por su habitación, la ví tumbada y sentí más que compasión. Pensé que quizás leerle una historia le gustaría, así que me dispuse a entrar en sus aposentos y se lo plantée:
- “Yaya, quieres que te lea un cuento?”
- ¿Un cuento?
- Sí un cuento, dije yo. Ella creyó que le tomaba el pelo, lo pensó un par de segundos y replicó:
- ¿Pero qué cuento me puedes leer que yo ya no me sepa?, dijo ella
- Ya lo verás, respondí yo.
Salí corriendo a mi cuarto y cogí uno de mis libros favoritos por Jorge Bucay: “Déjame Que Te Cuente”… Tenía historias perfectas que leerle y pensé que además a mi abuela le agradaría la compañía. Mis padres pensaron que estaba loca, pero regresé a su habitación, cerré la puerta, me eché en la cama a su lado y comencé a leerle la historia de “El Verdadero Valor del Anillo”, una de mis favoritas.
A mi abuela le encantó la historia, se quedó pasmada y me dijo que más que un cuento eso era una anécdota. Me preguntó qué libro era y se lo conté. Le dije que tenía historias muy buenas con moralejas que me han ayudado mucho, y como ví que estaba tan encantada decidí leerle una historia más.
Esta vez escogí la de “El Portero del Prostíbulo”, y tras finalizar mi lectura mi abuela quedó una vez más encantada y me dijo que le leía muy bien. Le dije que cuando quisiera le podía leer más historias, y me sentí por un instante como si acabase de hacer mi “buena obra del día”. Me sentí llena y complacida, como si hubiese hecho que el día de mi abuela fuese mejor, como si mágicamente le hubiese aliviado el dolor espiritual que siente por los años que lleva en cada arruga de su piel.
Luego ella quiso levantarse así que la ayudé y luego salí de su habitación. Me sentí más cercana a ella y pensé que ésta podría convertirse en una nueva bonita costumbre que mantener entre las dos. Me sentí personaje de una historia de cuentos, sólo que el libro no lo sostenía ella, sino que lo sostenía yo.
[...] leí cuentos a mi abuelita tal y como si fuese una [...]