Más Que Una Razón
May 17, 2008 by epepota
Cecilia era una chica tímida que a pesar de tener a muchas personas cerca, a las que hacía llamar sus amigos, nunca formó parte del grupo de los populares de la escuela ni de los que típicamente llamaban la atención o representaban el centro de ella. Cecilia era casi una “doña nadie” (o al menos eso sentía ella) hasta que Carmelo se fijó en ella.
Carmelo y Cecilia comenzaron una amistad aunque la misma nunca fue muy cercana. Carmelo era primo de Georgina, una chica que era amiga de Cecilia; así que Carmelo y su prima; que solían estar siempre juntos por compartir; a parte del vínculo de consanguinidad; universidad, edad e intereses en común; salían junto al grupo de amigos de Cecilia, casi todas chicas, y coincidían cada fin de semana con Cecilia en alguna reunión, fiesta o salida fortuita organizada o improvisada por la tropa.
Al principio Carmelo veía a Cecilia como sólo una amiga más; de ella le encantaba su sentido del humor, pero sobretodo su sencillez. Ceci, por su parte, pensaba que Melo era muy inteligente y guapo, quizás le atraía más físicamente que otra cosa; pero desde siempre pensó que un chico como él nunca se fijaría en ella, por lo que inicialmente su único objetivo era ser su amiga.
Unos meses pasaron durante los cuales muchas cosas tomaron lugar. Más salidas y reuniones, viajes de grupo, fiestas de pijama, noches de cine y juegos de mesa, y otro sinfín de experiencias que durante más de un año intercambiaron y compartieron no sólo consigo mismos sino con la tropa; y sólo el tiempo reveló lo que el destino le deparaba a estos chiquillos, quienes cada vez eran más cercanos, quienes comenzaron a desarrollar cada día más su amistad cibernética y quienes poco a poco descubrieron, con el transcurrir de cientos de noches y días, que estaban enamorados.
Finalmente y tras muchas batallas vencidas, Melo logró conquistar el corazón de Cecilia. No fue exactamente como en las películas, pero sin embargo sí con un final similar. La parejita terminó irremediablemente unida aunque todavía lo peor estaba por pasar y su final de cuento por cambiar sin que ellos lo supieran, o quizás sin que lo hubiesen tenido en cuenta.
Melo tenía que irse a cursar estudios en otra ciudad, por lo que temporalmente debía dejar a su preciada Cecilia atrás. Fue una decisión de la que Melo no pudo escapar, así que ambos conversaron sobre el tema y Cecilia entendió que era lo mejor para el futuro de su amado, por lo que acordaron seguir juntos, aunque separados, mientras luchaban por que se diese nuevamente el reencuentro.
Tras la despedida, las lágrimas y el mal sabor que ambos sentían, Melo emprendió su viaje sin saber cuándo volvería a verla ni cuándo habría de regresar de forma permanente, o si lo haría. Por supuesto para estos chicos era cuestión quizás de un par de años hasta que se reuniesen de forma definitiva o tal vez un poco más, pero cuando se ama tanto como estos mortales lo hacían, hasta un solo minuto podría convertirse en una eternidad.
Ambos aceptaron el reto porque sabían, o al menos creían, que su amor sería mucho más fuerte que eso.
Ceci se quedó respirando el mismo aire que antes, sólo que ya no lo compartía con Carmelo. Ella se quedó desolada tras sentir que consiguió aquello que siempre soñó, aquello que le devolvió la vida, aquello que la hizo despertar de una pesadilla que ni siquiera ella misma sabía que protagonizaba, y aquello, o más bien aquel que le enseñó que existía el amor, un amor verdadero y apasionado, sólo para descubrir más tarde que lo perdía todo en un instante.
Ceci no supo que hacer tras la partida de Melo; se sintió desnuda y vacía; se sintió perdida y deshecha; sucumbió a los brazos de su soledad mientras caía en un hoyo profundo de despecho y desilusión, un hoyo que se hizo exponencialmente más hondo, infinito y oscuro sin que Cecilia pudiese encontrar la salida.
Ceci dejó los estudios, simplemente dejó los días pasar mientras lamentaba en silencio la partida de su amor. Se abandonó a su propia melancolía y dejó que el aislamiento hiciese con ella lo que quisiese.
Durante meses Ceci pasó sus días encerrada en casa. Perdió el semestre, perdió el contacto con sus conocidos y con ello a sus amigos mismos, perdió el contacto con el exterior y perdió la fuerza, la ilusión, y sobretodo la motivación para seguir luchando. Con la partida de Melo, Ceci sentía que lo había perdido todo, su felicidad, su esperanza, su ilusión, hasta su vida misma…
Ceci y Melo seguían hablando cada día, pero Ceci jamás tuvo el valor para confesarle a Melo lo que ella estaba pasando. Lo engañó como a un niño mientras le hacía creer que ella seguía adelante y luchando por él, lo hizo pensar que todo iba bien a pesar de su tristeza; no se atrevió a decirle que había pasado los días más miserables de su vida, ni que había perdido su semestre académico y con ello tirado por la borda todo lo que había hecho en años anteriores, ni que se había convertido en algo que ni ella misma reconocía.
Ceci pensó que si se lo contaba, Melo se sentiría decepcionado de ella; Ceci tenía miedo de sentirse aún más desolada con la reacción de Melo y ante el temor de perderlo, de causarle a él desilusión y de achacarle una preocupación que no necesitaba; ella decidió ocultarlo e hizo ver como si todo iba bien.
Ni siquiera los padres de Ceci tenían conocimiento de lo que ella estaba sufriendo, aunque fue sólo cuestión de tiempo. Unos meses después, Ceci y Melo pudieron reencontrarse; durante esos días todo volvió a ser perfecto entre ellos, pero cuando Ceci regresó a su rutina, sus padres habían descubierto que había dejado los estudios y que ni siquiera se había matriculado para el siguiente semestre de universidad.
Sus padres sintieron un dolor profundo y un desespero que sólo ellos sabían, no podían más que apoyar a Ceci ante esta serie de problemas que estaba padeciendo, así que decidieron remitirla a un especialista para que tratase su caso. Ceci asistió a terapia durante algunos meses, estuvo tomando medicación durante casi un año mientras todo esto ocurría a las espaldas de Melo. Pobre Melo, no tenía ni idea.
Así transcurrió más de un año, durante el que las mentiras se hicieron costumbre en Ceci y durante el que cada día le pesaba más el engaño en sus hombros, pero su terapeuta había sido claro con ella y sus padres más todavía; Ceci tenía terminantemente prohibido contar a nadie lo sucedido y lamentablemente aunque Melo fuese “alguien”, “nadie” le incluía también a él.
Se trataba de que Ceci volviera a ser la misma, de que su vida recuperase el sentido, de hacer lo que más le conviniese a ella. Una vez más y dado que la verdad siempre sale, fue sólo cuestión de tiempo hasta que Melo se enterase de todo lo que estaba pasando.
La historia se hace cada vez más difícil de contar; Melo y Ceci continuaban juntos aunque separados y contaban con el privilegio de poder verse al menos un par de veces al año. La distancia geográfica comenzó a complicar la convivencia con el pasar de los días, y la pareja comenzó a tener problemas.
Sufrieron su primera crisis sentimental por una de las mentiras de Ceci, más tarde sufrieron un par más de crisis de relativa menor importancia por un par más de mentirillas de Ceci. Finalmente Melo comenzó a sentir que Ceci no confiaba en él y que quizás no le amaba lo suficiente o lo que ella decía/creía.
Melo se sentía desconectado, sentía que Ceci era cada vez más distante y que sin quererlo se había convertido en una experta en el arte de decir mentiras; mentiras que a veces hasta ella misma se creía y defendía a muerte, hasta que comenzaba a pesarle la conciencia y las cosas se descubrían.
Esta vez había sido diferente porque estaban de por medio el psicólogo de Ceci y sus padres. Ceci no quería seguir engañando a Melo y seguir cargando con el cada vez más pesado dolor de saberse farsante. Melo comenzó a presionar a Ceci para que confiase en él e intentó decirle que sus oportunidades se estaban agotando.
Melo luchó por Ceci desde el principio con todas sus fuerzas, y ahora no le pedía más que fuese sincera y que dejase las mentiras de lado para poder seguir construyendo la relación con bases sólidas y no ficticias. Ceci comenzó a darse cuenta de que realmente le estaba perdiendo, e intentó decirle que había una razón; ella no podía más con la pesadumbre de sus mentiras y se sentía tan desesperada que hasta llegó a pensar en quitarse la vida.
Ceci le había hecho creer a Melo que ella ya se había graduado; Melo llegó incluso a enviarle un regalo a Ceci de congratulación por el éxito alcanzado y el título obtenido. Ceci definitivamente no podía más con su conciencia, y fue entonces cuando decidió enfrentarse a ella misma y sus padres, y decirles e estos últimos que por estas mentiras estaba perdiendo al amor de su vida y que por lo que le habían prohibido decir, se encontraba ahora encerrada en un círculo de mentiras y más mentiras, una sobre la otra y cada una más grande que la anterior, del cual no sólo no sabía salir sino que además el hacerlo seguramente le costaría el sacrificio del hombre que amaba; algo que ella jamás se perdonaría.
Un par de días más tarde y casi contra la voluntad de sus padres, Ceci se armó de valor para enfrentarse al pasado que había tomado lugar durante los dos últimos años; dos años tardó Ceci en revelar la verdad, sin que la reacción de Melo se hiciese aguardar como era de esperarse.
Melo al principio se lo tomó muy mal, más que por el hecho de saberse engañado y burlado, por el hecho de sentir que Ceci le negó la oportunidad de apoyarla durante ese tiempo, de ayudarla a salir de aquel infierno y de aliviarle la vida durante aquel tiempo. Melo sentía que no valía anda como hombre, amigo, novio y amante; se había dado cuenta que habí pasado sus últimso años de relación junto a una extraña; se sintió culpable de la miseria de Ceci tras su partida; sabía que si él se hubiese quedado a su lado aquello jamás hubiese sucedido; se sentía como el peor hombre del mundo mientras que Ceci intentaba decirle que sólo ella era responsable de haberse dejado derrumbar sin poner resistencia alguna.
Melo encajó muchas piezas que antes estaban sueltas, y ahora entendía muchas cosas que antes no tenían sentido. Vislumbró muchas de las incertidumbres que antes rondaban su cabeza y cambió de actitud instantáneamente cuando entendió que antes que reproches, Ceci necesitaba ayuda; comprendió que sólo su amor podría sanarla y que sólo su apoyo podría guiarla fuera de ese túnel sin aparente salida en el que un día entró sin poder encontrar jamás la luz.
Ceci pensó que tras su confesión Carmelo le dejaría, y se había preparado para lo peor; pero no cayó en cuenta de que el amor de él por ella era más grande que TODO, hasta que supo que Melo no estaba dispuesto a abandonarla entonces, ni nunca.
Melo le hizo saber a Ceci cuánto la amaba y cuánto hubiese deseado estar allí para apoyarla y haber sabido todo lo que ella había vivido tras su partida. Melo le hizo entender a Ceci que la pareja no sólo existía para enaltecer la felicidad durante los ratos buenos, sino también para aligerar la carga durante los malos. Dicen que las penas se hacen más chicas cuando se comparten, y eso era lo que Melo repetía.
Cecilia no se creía la respuesta de Melo, no se creía la grandeza de su amor y no se creía que después de todo, no hubiese sido tan difícil ser sincera. Se sintió liberada y ligera; volvió a poder dormir tranquila sabiendo que ya no quedaba más que esconder, pero sí mucho por lo que luchar y que resolver.
Ceci y Melo aún tienen mucho de qué hablar, y aún más camino por recorrer para reconstruir lo que se ha perdido; sólo ellos pueden salir de esto juntos a sabiendas de que no se trata de sus padres ni de lo mucho o poco que ellos traten de protegerlos; se trata de ellos mismos y de erigir hoy un futuro que sólo podrá ser estable y duradero si se labran bien sus cimientos.
Las mentiras siempre tienen patas cortas y es sólo cuestión de tiempo hasta que se descubran. Algunas toman minutos en salir a la luz, y otras toman toda una vida; pero lo que sí está claro es que no merece la pena perder a quien más se ha amado ni todo por cuanto se ha luchado, por una mentira.
Me siento muy identificada con esta historia en muchos sentidos, y entiendo esa ansiedad de no poder esta con la persona que amas cuando quieres. Se necesita amor demasiado para poder soportar y sobrevivir a una relación a larga distancia, se necesita mucho más que atracción física y apetito sexual; se necesita mucho más que ganas de que nos den amor y cariño.
Hay que sembrar certezas para no recoger dudas…
P.D.: Los personajes de esta historia son ficticios y la misma ha sido alterada para resguardar las verdaeras identidades de sus protagonistas.